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El forastero

Sólo a las niñas guapas y a los hermanos que se las presentaban les regalaba caramelos. Piruletas para ellos y gominolas para ellas. Sólo a los ancianos, a los que les brillaban los ojos y les temblaban los bastones, les daba conversación y prestaba oídos a sus cuitas. Sólo a los perros callejeros, los que miraban de reojo con el rabo entre las piernas, les tendía la mano con suavidad y les ofrecía algún mendrugo de pan. Sólo a las viejas empalizadas, a los parterres descuidados, a las charcas agonizantes prestaba atención y contemplaba durante horas. No me diga usted, pues, que no sea de extrañar que le echáramos del pueblo a pedradas.

One Response to “El forastero”

  1. Romi dice:

    Wow, interesante, me puso a pensar en su situacióm, saludos.

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